¿Qué leer con la infancia? Serie de Los Elegantes y la Niña

By marzo 30, 2019 ,

Ilustraciones: Teresa Martínez.

Después de haber visto esos artículos que anunciaban "Libros para criar niñas poderosas, valientes y rebeldes" o algo así, se me ocurrió que podía colaborar con algunas recomendaciones. No exactamente porque considere que, luego de leer estos libros, tu hija, sobrina, ahijada o niña favorita mirará la opresión del patriarcado y se convertirá en una mujer libre e independiente. No, no soy partidaria de depositar en la literatura la responsabilidad de crianza y educación que atañe a otras esferas, por ejemplo, la familia o la escuela; pero sí que defiendo a las historias que se sostienen por sí mismas y que, al desmenuzar, descubres que apuestan por una mirada distinta y creativa sobre el mundo, sobre las mujeres.

En fin, que esta es la primera entrega de una serie de recomendaciones que planeo hacer sobre libros que son geniales por muchas razones; entre ellas, el construir personajes femeninos que piensan su lugar en el mundo, que son cercanos y se alejan de estereotipos; y el crear un ambiente donde impera la equidad de género y donde la historia puede desarrollarse desde esa perspectiva. Son libros que se pueden adquirir fácilmente y que te recomiendo compartir con todas las niñas y todos los niños con quienes te relacionas. Pero que, sobre todo, recomiendo para ti. Porque para compartir historias con la infancia, de manera efectiva, primero han de movernos a nosotros los “adultos”.

Comienzo esta primera entrega con la recomendación de una serie mexicana publicada por Editorial Castillo: Los Elegantes, la Niña y el huevo de chocolate (2016), Los Elegantes, la Niña y los juguetes perdidos (2017) y Los Elegantes, la Niña y el pájaro cucú (2018). Tres libros de aventuras escritos por Karen Chacek (Ciudad de México, 1972) que destacan por su prosa elaborada y el humor que manejan. Los Elegantes son un grupo de piratas que hacen honor a su nombre: son cultos, pulcros, educados. Atraviesan los mares a bordo del Abracadabra, un barco fantasma sobre el que reina una maldición: la Niña que lo habita —una fantasma también— no podrá descender de él más que siete veces en cien años, o si no, el barco desaparecerá para siempre.

En la primera aventura, Los Elegantes habrán de cumplir el capricho de la Niña y deberán de conseguir un huevo de chocolate, el tesoro de otro pirata que tiene un barco inmenso y lujoso. En la segunda entrega, pisarán la Isla de los Juguetes Perdidos con tal de obtener un juguete para la niña fantasma, sin importar el peligro que corran durante la empresa. En el tercer libro se revelará un poco del pasado de la Niña, y los Elegantes habrán de lidiar con las travesuras de ésta en un lugar sin tiempo... Así es, todas las aventuras giran en torno a los deseos de la Niña que puede resultar voluntariosa, traviesa e imprudente; pero que es inmensamente amada por todos los pasajeros del barco. Una mirada interesante para cuestionar la infancia caprichosa, pero que no por ello es detestable.

Se trata de una Niña fantasma que había habitado, sin más compañía que unos ancianos gemelos —también espectros—, ese barco olvidado por el mundo. Cuando los Elegantes lo abordan, se crea un equipo que consigue robar el corazón de los lectores durante las tres entregas. Y es que estos piratas son la antítesis de lo hasta ahora conocido, pues Karen Chacek aboga por un humor ingenioso. No hay forma de cachar el guiño irónico de los Elegantes si no sabes de antemano que los piratas, en la literatura, casi siempre son dibujados como seres sucios, groseros, ladrones rapaces, o seres muchas veces sin honor, que asaltan barcos y cometen crímenes. Los Elegantes, sí, son piratas, porque se dedican a saquear otras embarcaciones, pero se distinguen en todo lo demás. Justo como su apodo lo indica, son cuidadosos en su vestir, en lo que leen, en lo que cocinan, en cómo observan lo que observan, en las palabras que dicen. Y esto es un gran acierto de la trilogía, pues la prosa no es condescendiente con nadie; va metiendo palabras rebuscadas en un contexto sencillo de entender, incluso genera la suficiente curiosidad para tomar un diccionario e informarte sobre el sentido de la palabra utilizada. Los Elegantes también son cuidadosos al momento de cometer sus crímenes, los ejecutan de tal modo que nadie debe tener noticia de ellos, saben pasar desapercibidos. Y es verdad que, aunque son adultos, todo el tiempo se comportan como niños.

Algo muy importante sobre esta historia es que gira por completo alrededor de la infancia. Los adultos que aparecen dan voz a sus sueños de niños y bajo esa premisa se mueven. En el primer libro podremos ver la emoción de los Elegantes por invadir un barco sin que nadie los descubra; en el segundo, veremos la alegría que los lleva a la isla con tal de volver a ver los juguetes que los acompañaron durante su infancia; y en el tercero, podremos ver que todos los adultos conspiran para que la felicidad de la Niña —y de otro personaje que no puedo mencionar o sería spoiler—, se haga realidad. Es decir, los Elegantes, aunque adultos, nunca toman una actitud "adulta": no regañan, dan validez a los deseos de la Niña —así sean los más locos del mundo—, son ocurrentes, valerosos, temerosos, y no tienen miedo de decirlo. Son libres. Y en esa libertad predominan el amor y el respeto. Incluso, me atrevería a verlo como una especie de adultez sana.

Cuando tuve la oportunidad de conversar con Karen Chacek, me comentó que se avecinan nuevas aventuras para estos personajes, noticia que me llena de alegría, porque en su historia la infancia manda y se nota. Las peripecias pueden rayar en lo ridículo, pero no dejan de ser tremendamente divertidas y, sobre todo, hay mucho más que lo aparente: una postura que aboga por el respeto hacia la infancia, que aboga por su credibilidad y su cuidado.

Por si fuera poco, la historia se ve completada por las magníficas ilustraciones de Teresa Martínez (Monterrey, 1980) que consiguen reflejar el carácter de los personajes y los lugares fantásticos que visitan; ilustraciones que podrían saltar fácilmente a la animación por el color, el detalle y el trazo. En fin, que me parece importante acercarnos a esta trilogía, leerla en voz alta para nosotros y para los niños que nos rodean, para pasar un buen rato y, también, para cuestionar lo que hemos sacrificado al momento de convertirnos en "adultos".

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