Mi problema con los programas académicos de Literatura

By julio 07, 2019 ,

Cuando comencé a estudiar la licenciatura de Literatura en 2015, no me di cuenta de que casi todos los los autores que leía eran hombres. Para alguien cuya formación base consiste en separar al autor de su obra con la famosa «muerte del autor» que tanto defendió Roland Barthes para lograr una lectura objetiva y que el texto se sostuviera por sí solo, esto no representaba ningún problema; sin embargo, después de llegar al feminismo, encontré que sí lo hay: ¿qué lugar tienen las mujeres en la literatura?, ¿cuáles son sus experiencias y versiones de la vida, de la muerte, del amor, de la violencia?, y más importante, ¿cómo lucharon por ese lugar?

Tal vez a muchos les moleste esa perspectiva de género, pero la representación importa; a mí no me interesa leer una y otra vez personajes femeninos idealizados y sexualizados por hombres escritores, no me interesó con Goethe ni me interesó con Cortázar. Entiendo que los grandes pensadores y representantes de la literatura universal sean hombres, lo entiendo y los leo y los respeto y, sí, algunos me gustan. Valoro sus aportaciones y perspectivas, pero eso no me pasa con las mujeres, ¿por qué? Porque no las he leído, porque fueron rechazadas y silenciadas y quienes lograron publicar son poco conocidas o lo hicieron a través de seudónimos.

En Lingüística, el área con la que se complementa mi carrera, la situación es similar, aunque creo que sí hay más académicas que llegan a los programas, pero no deja de ser poco equitativa la distribución. Curiosamente, en la licenciatura hay más mujeres que hombres, pero en el campo de investigación sucede lo contrario: hay más hombres que cuentan con posgrado.

Esto también me lleva a apreciar el esfuerzo de algunos profesores por incluir autoras en sus clases. En Literatura Hispanoamericana III leí a Aurora Cáceres, una escritora peruana poco conocida y estudiada, cuya literatura es difícil de clasificar; después de tanto romanticismo y modernismo, leer a Cáceres fue un balde de agua fría. En su novela, La rosa muerta (1914), hay varias escenas donde la protagonista va al ginecólogo y sufre violencia obstétrica, nunca había encontrado una situación así tan bien retratada, ni siquiera “mal” retratada, porque son temas que los escritores no abordan (ni pido que lo hagan).

Esto me lleva a pensar: ¿Cuántas lecturas increíbles me habré perdido debido a que no están incluidas en un programa? Hubo un momento en donde quise escribir mi tesis sobre el tema porque me interesaba, en general, lo desactualizados que se encuentran los programas de la carrera, pero fui advertida de que a los altos mandos tal vez no les gustaría ser evidenciados, así que me olvidé de ello.

En conclusión: Ellas no van a venir hacia nosotros, no van a estar ni en los programas ni en el canon literario, tenemos que buscarlas; no se trata de darles una voz, porque ya la tienen, sino de encontrarles un lugar, nos toca compartir sus palabras para que no sean olvidadas.

You Might Also Like

0 comentarios