Por Abril G. Karera
Leemos Juntas es un grupo de lectura en voz alta que nació de manera oficial el 17 de agosto de 2020. Dicen, quienes saben de esas artes, que es leo. Leo. Leo en voz alta. Tiene sentido. Leo, además, es un signo de brillo absoluto, su sola presencia envuelve, impacta y abraza. Muy parecido a lo que hacemos todas las noches cuando nos reunimos a escuchar nuestras voces. Este grupo nació de una tristeza infinita. En medio del dolor por haber perdido a mi papá, necesitaba que alguien me alentara a no abandonar mis lecturas. Abandonar cualquier cosa resulta un camino natural cuando todo se ha vuelto demasiado difícil. Ese año, en Librosb4tipos, nuestro ciclo de lectura se llamó #ALImaginaria y consistió en leer obras de género especulativo, escritas por mujeres latinoamericanas. Seguía el turno de Angélica Gorodischer con Kalpa Imperial, la historia del Imperio Más Vasto que Nunca Existió. Yo quería emprender ese viaje, pero me sentía tan falta de fuerzas, un ser hecho de agua que lloraba todos los días sin descanso. Y no era la única, en ese tiempo tan extraño que fue la pandemia, sé que muchas de nosotras la estábamos pasando realmente mal. En un intento de hacernos compañía, inauguramos el grupo de telegram que hoy cuenta con más de 1,200 miembros. En ese entonces, con apenas una docena de lectoras, iniciamos el ritual nocturno de escucharnos.
Al principio, fue extraño. Hay muchas consideraciones respecto a la lectura en voz alta. Se dice, al menos en el campo de fomento a la lectura, que no deberías hacerlo si no vas a poner atención en la pronunciación, la cadencia, la respiración, la modulación, el comprometerte con dar vida al texto. De otra manera, lo arruinarías. Además, hay una creencia fuerte y difundida sobre la supremacía de la lectura en silencio, misma que fortalece la idea de que leer para los demás es una tarea exclusiva de padres de familia que leen a sus hijos o de profesores que leen a sus alumnos; o de gente dedicada a leer en las calles, en las bibliotecas, en eventos culturales y demás espacios relacionados. Leemos Juntas no es así. Leemos Juntas somos un montón de lectoras que llegamos cansadas del trabajo y queremos saber qué pasa en la lectura del mes. Algunas nos animamos a leer desde el principio, mostrando a quienes nos escuchan los colores distintos de nuestra voz. Otras necesitan reunir ánimo antes de intentarlo. Por eso se sintió extraño, porque era demasiado real y cotidiano.
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Un ejercicio del tiempo presente
Leemos en voz alta porque estamos vivas y estamos juntas, porque sabemos que nos escuchamos. Sí, hay muchas reglas para “una buena lectura en voz alta”, como ya lo he dicho, la dicción, la respiración, los juegos con la voz, todo eso. Conocer el texto es esencial, pues podemos practicar, modular, anticipar. En Leemos Juntas no lo obviamos, pero tampoco es la regla para empezar. Las reglas son sencillamente animarse, que la conexión sea estable, mantener el micrófono en silencio mientras las demás leen, estar atenta a los turnos. Entonces las voces se presentan. Se lanzan a la aventura de una historia desconocida. Voces suaves, firmes, delgadas, gruesas, altas o bajas. Voces de personas que están al otro lado de la pantalla, existiendo. Voces que se permiten sentir. Si sucede algo divertido en la lectura, se ríen. Si sucede algo triste, se escucha claramente cómo aguantan el llanto o cómo se quiebran. Paulatinamente, estas voces se vuelven ágiles, más seguras, más desafiantes. ¿Estoy escuchando a una persona al otro lado de la pantalla o el personaje se posesionó de esta voz y ahora lo cuenta en carne propia, llevándome definitivamente al escenario donde se encuentra? Muchas lectoras han mejorado significativamente su forma de leer. Eso no estaba en los planes, es un resultado natural de la práctica y la compañía sin juicio.
De todos modos, no importa si no lo hacen “bien”. No importó en el principio y no importa ahora. ¿Qué es hacerlo bien? Poner el corazón en la lectura. Poco a poco, la calma se irá apoderando del ritmo y los nervios cesarán, porque sobre todo son nervios. Estamos leyendo algo por primera vez y es comprensible que la voz suene presurosa, que se trabe un poco, es alguien descubriendo un mundo. Es alguien con vida prestando su voz a esta historia. Entonces, los carraspeos, las respiraciones agitadas, incluso la lluvia, los ladridos o los tamales, se cuelan en esta realidad que construimos juntas, una donde caben todos estos sonidos, los reales y los imaginarios, pero sobre todo, una realidad moldeada por nuestras voces. Leemos juntas y creamos mundos enteros.
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Un ejercicio ancestral
Antes de que existiera la escritura, existió la oralidad. No somos las primeras ni seremos las últimas en compartir nuestra voz para contar historias. ¿Las primeras cómo? Si esto es tan antiguo, de los primeros tiempos, de las primeras y todas las lenguas. Más bien, lo extraño es que ahora se acostumbre tan poco. Triunfan la sacralidad de la lectura en silencio y el convencimiento de que el público objetivo de leer en voz alta son siempre sólo las infancias. Triunfan porque hay un orden establecido. Pero las palabras piden ser dichas, adquieren textura con nuestra voz al pronunciarlas. Son sonido, más que grafía. En todas las culturas había un espacio para la narración oral. Todas las personas podían participar y había tanto que decir. Los mitos, las leyendas, las historias de héroes y grandes hazañas, todo eso sobrevivió gracias a este ejercicio de compartir en comunidad. En voz alta. Sin importar la edad. Quizá ahora no tenemos la fogata ni vivimos en el mismo lugar, pero seguimos reuniéndonos de noche y todas podemos participar; nos turnamos, nos adecuamos al ritmo de nuestras voces, nos escuchamos con atención y se siente la calidez del fuego que se comparte. Es tan antiguo que se siente familiar. Y poco a poco la pena desaparece, el miedo de equivocarse desaparece. Escuchamos todas las voces, principalmente la nuestra, y también así nos vamos conociendo. Así que de esta manera suena esta historia. Así que así suenan ellas. Así que así sueno yo. Así que de esto también se trata leer.
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Un ejercicio revolucionario
Vivimos en el mundo de la prisa y la adicción a los dispositivos móviles, nos resultan cotidianas la sobrecarga de información, las fake news, la violencia digital. Mi padre dijo cuando me mudé a vivir sola: “La ciudad es una selva de concreto, ten cuidado”. Sobre esa línea, creo que navegar hoy en internet es parecido a visitar un universo hostil, intrincado y oscuro. Es tan fácil perderse. Por eso, cobran relevancia la existencia de espacios digitales donde podemos recuperarnos del paseo peligroso. Leemos Juntas es un sitio así: seguro. Al menos todo lo seguro que podemos crear quienes formamos parte y eso no es una garantía, solo es muestra de un esfuerzo sopesado. En el auge de la pandemia cuando nuestra forma de consumir contenido se transformó (los algoritmos se perfeccionaron, se viralizó el contenido breve, de pronto se multiplicó la cantidad de personas que se volvieron influencers), florecieron también las comunidades virtuales que buscaban, ante todo, hacerse compañía. Leemos Juntas es una de ellas.
En el mismo universo hostil, intrincado y oscuro, existen las herramientas para construir estos refugios y dar espacio a la compañía, la escucha y la conversación. En medio del scrolling infinito, de la atención fragmentada y las IAs generativas, reunirse en línea a leer en voz alta es un acto de profunda resistencia. En el mismo territorio donde se derrumban los procesos de pensamiento, existen comunidades aprovechando las grietas para seguir construyendo ideas que nos sostengan. Sí, el futuro del que tanto nos hablaron ya está aquí y parece que será peor. Pero en el parece existen mil posibilidades como bien lo han señalado tantas de las autoras que hemos leído juntas. Y es tarea de nuestras conversaciones mirar esos otros escenarios menos desastrosos, buscarlos activamente y compartirlos.
Seis años pasaron en un parpadeo. Se confirma la belleza de la lentitud y la constancia. Leemos juntas porque estamos vivas, también porque queremos pertenecer. Leemos juntas porque en medio de un duelo, es posible tener compañía y, poco a poco, casi sin esperarlo, recuperar las fuerzas de escribir algo como esto. Feliz aniversario a todas las lectoras que forman parte de este espacio, a las que leen y, sobre todo, a las que escuchan.
